El Evangelio
Esta es la buena noticia: que en Cristo hay perdón,
nueva vida y reconciliación con Dios para todos los que acuden a Él con fe.
¿Qué Es el Evangelio?
La palabra "evangelio" significa buenas noticias, y verdaderamente lo son para los corazones cansados y que buscan respuestas. En un mundo lleno de muchas voces que prometen satisfacción -ya sea por medio del éxito, la salud, la belleza o el poder- puede ser difícil discernir qué es realmente bueno. Sin embargo, ninguna de estas cosas puede llenar nuestra necesidad más profunda: la realidad del pecado, la culpa y nuestra separación de Dios.
El evangelio es la buena noticia de Jesucristo. Es una buena noticia porque nos confronta honestamente con nuestra condición. La Escritura enseña que, aparte de Cristo, somos pecadores delante de un Dios santo y justo. Solo cuando comprendemos nuestra necesidad podemos apreciar verdaderamente la belleza de la gracia de Dios.
Aquí es donde el evangelio se vuelve verdaderamente maravilloso. Aunque Dios es perfectamente santo y justo, también es rico en misericordia. En Su amor, Él ha provisto un camino para que los pecadores sean perdonados, restaurados y acercados a Él. Este camino no se encuentra en nuestros esfuerzos ni en nuestros logros, sino en Su Hijo, Jesucristo.
¿Qué Significa Ser Cristiano?
Ser cristiano no consiste solamente en asistir a los servicios de la iglesia o estar de acuerdo con un código moral, sino en ser unido al Cristo vivo y someternos por completo a lo que Dios ha revelado en las Escrituras acerca de Sí mismo, de nosotros y de Su camino de salvación.
Dios, el Creador Soberano
La Biblia no comienza con el hombre buscando a Dios, sino con Dios creando al hombre. No somos el resultado de la casualidad ni del azar; fuimos creados por un Dios glorioso. Él reina sobre todas las cosas (Salmo 103:19), y aun nuestro aliento es un regalo suyo. Por lo tanto, le debemos nuestra obediencia y adoración.
Dios, el Santo
Dios es alto y sublime, resplandeciente en pureza y apartado de todo lo común y corrupto (Isaías 6:3). Este Dios santo nos llama a participar de Su santidad: "Sed santos, porque yo soy santo" (1 Pedro 1:16). Su estándar no es compararnos con otras personas, sino conformarnos a Su propio carácter.
La Humanidad en el Pecado
La Escritura expone la verdadera condición de todo corazón humano. No solo hemos cometido errores; hemos pecado contra nuestro Creador. La Biblia dice: "No hay hombre que no peque" (1 Reyes 8:46). Podemos realizar actos de bondad, pero en nuestra condición natural no entendemos verdaderamente a Dios, no amamos a Dios ni podemos agradarle (Romanos 3:10-12). Nuestro problema no es solamente lo que hacemos, sino lo que somos: pecadores por naturaleza y por elección.
El Pecado y su Castigo
Debido a que Dios es perfectamente santo y justo, no toma el pecado a la ligera. El pecado es una rebelión contra el Rey del universo, y Su justo juicio recae sobre él. "El alma que pecare, esa morirá" (Ezequiel 18:4); "la paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23).
Ninguna reforma moral, actividad religiosa o esfuerzo de superación personal puede borrar la culpa de un solo pecado. No podemos salir por nosotros mismos del pozo que hemos cavado; necesitamos un Salvador que cargue con nuestro castigo y nos lleve a Dios.
Jesús, Señor y Salvador
En medio de esta condición desesperada aparece Jesucristo, el Hijo eterno de Dios, quien tomó carne humana, vivió una vida sin pecado, murió en la cruz y resucitó corporalmente de entre los muertos. La Biblia declara: "Que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo" (Romanos 10:9). En la cruz, Jesús llevó el juicio que los pecadores merecen, satisfaciendo la justicia de Dios (1 Pedro 3:18).
Mediante Su obediencia perfecta, Él cumplió la santidad que Dios exige (2 Corintios 5:21), para que Dios sea justo y, a la vez, declare justos a todos los que confían en Cristo (Romanos 3:26). Él no se nos presenta simplemente como un ayudador, sino como Señor, digno de nuestra fe y obediencia.
La Naturaleza de la Fe Salvadora
La fe que salva es volver el corazón a Cristo mismo. La verdadera fe siempre va unida al arrepentimiento. Arrepentirse significa estar de acuerdo con Dios acerca de nuestro pecado, confesarlo delante de Él y apartarnos deliberadamente de él (Lucas 13:3; 1 Tesalonicenses 1:9).
Por la fe acudimos a Jesús para encontrar descanso para nuestra alma (Mateo 11:28-30), conocer a Dios por medio de Él (Juan 17:3) y caminar en obediencia a Sus mandamientos (1 Juan 2:3). La fe salvadora se manifiesta en una vida cada vez más formada por las buenas obras que Dios mismo ha preparado para Su pueblo (Efesios 2:10).