Confesar a Cristo es unirse a Su pueblo. Considerar la membresía de la iglesia como algo opcional no es un descuido menor; es malinterpretar lo que significa pertenecer al cuerpo de Cristo y alejarse de muchas de las bendiciones que Dios ha unido a ese cuerpo.
La Membresía y el Cuerpo de Cristo
Cuando Dios lleva a un pecador a la fe, no solamente salva a esa persona del juicio; la une a Cristo y a Su iglesia (1 Corintios 12:13). Esa unión invisible debe encontrar expresión visible en una congregación particular, con rostros reales, nombres reales y responsabilidades reales.
La membresía de la iglesia es simplemente el reconocimiento público de ese vínculo. Es una manera de decir: «No me pertenezco a mí mismo; pertenezco a Cristo y pertenezco junto a este pueblo».
En una comunión así, los creyentes se someten a la predicación regular de la Palabra de Dios (1 Timoteo 4:13; 2 Timoteo 4:2), participan de los sacramentos y trabajan juntos para extender el evangelio (Mateo 28:18–20). No simplemente asisten; participan, sirven y se someten.
El Ejemplo de la Iglesia Primitiva
En el Nuevo Testamento, ser cristiano significaba formar parte de una iglesia. Los nuevos creyentes eran bautizados y añadidos a un cuerpo local (Hechos 2:41–42). No vivían su fe de manera aislada, sino en comunión con otros.
Incluso las cartas del Nuevo Testamento fueron escritas a iglesias o a sus líderes, lo que demuestra que se esperaba que los creyentes pertenecieran a una iglesia local.
La Función de los Líderes de la Iglesia
Dios designa ancianos para pastorear a Su pueblo (Hechos 20:28; 1 Pedro 5:2). Ellos son responsables de cuidar las almas y rendirán cuentas a Dios (Hebreos 13:17). Esta responsabilidad solo tiene sentido si existe un grupo definido de personas a quienes han sido llamados a guiar.
De igual manera, se ordena a los creyentes someterse a sus líderes (Hebreos 13:17), lo cual requiere saber quiénes son esos líderes. La membresía de la iglesia hace que esta relación sea clara y recíproca.
La Práctica de la Disciplina Eclesiástica
Jesús dio instrucciones para restaurar a los creyentes que caen en pecado (Mateo 18:15–17). Este proceso involucra a toda la iglesia e incluso puede llevar a la remoción de la comunión si no hay arrepentimiento. Tal rendición de cuentas solo funciona si está claro quién pertenece a la iglesia.
El Llamado a Edificarnos Unos a Otros
La Escritura llama repetidamente a los creyentes a animarse, servirse y cuidarse unos a otros (Hebreos 10:24–25). Estos mandamientos de «unos a otros» deben vivirse dentro de una comunidad comprometida. La membresía de la iglesia es la manera visible en que los creyentes se comprometen con esa responsabilidad.
Viviendo como Miembro de la Iglesia
Ser parte de una iglesia implica una verdadera responsabilidad. Los miembros están llamados a vivir fielmente, a servir a los demás, a dar generosamente y a participar en la adoración. Aunque este compromiso es serio, también es un gran privilegio.
Por medio de una membresía fiel, la iglesia crece hasta llegar a ser lo que Dios la ha llamado a ser: una expresión visible de Cristo en el mundo.