El Don de
Lenguas
Negamos que hablar en lenguas sea necesario como evidencia de conversión,
bautismo en el Espíritu, madurez espiritual o cercanía a Dios.
Entendemos el don de lenguas como uno de los muchos dones del Espíritu Santo, pero no como la evidencia más elevada ni la más importante de Su obra. La Escritura no coloca las lenguas en el centro de la vida cristiana, ni presenta este don como una señal universal de conversión, del bautismo en el Espíritu Santo o de madurez espiritual.
Debido a que la Biblia da instrucciones cuidadosas acerca de las lenguas y también ordena: «no impidan el hablar en lenguas», no queremos ignorar estos versículos ni cerrar una puerta que Dios ha dejado abierta. Al mismo tiempo, tomamos en serio las advertencias contra la confusión, el desorden y la espiritualidad falsa, y creemos que toda afirmación de una experiencia espiritual debe examinarse a la luz de la enseñanza clara de la Escritura.
También reconocemos que muchas expresiones modernas de las «lenguas» y de la «profecía» no corresponden claramente al modelo que vemos en el Nuevo Testamento y pueden convertirse fácilmente en un sustituto de la sana doctrina y de la obediencia cotidiana. Por esa razón, nuestra postura es de cautela humilde: deseamos todo lo que verdaderamente proviene de Dios, pero no perseguimos experiencias que no puedan fundamentarse claramente en Su Palabra.
Creemos que los dones extraordinarios de señales en el Nuevo Testamento estuvieron estrechamente ligados al ministerio único y fundacional de los apóstoles y a la expansión inicial del evangelio, cuando las señales y los prodigios servían para confirmar la revelación de Dios.
Aunque Dios sigue siendo libre de obrar de cualquier manera que le agrade, y aunque continúa respondiendo a la oración y obrando poderosamente en el mundo, no esperamos que estas señales funcionen como una característica normal y continua de la vida y la adoración cristianas, de la misma manera que lo hicieron en los primeros días de la iglesia.
Por encima de todo, estamos convencidos de que el Espíritu Santo nunca obra en contra de la Palabra que Él inspiró. Toda obra genuina del Espíritu exaltará a Cristo, estará de acuerdo con la Escritura, producirá santidad y edificará a la iglesia en amor y verdad. Procuramos ser una iglesia que atesora la Palabra de Dios, camina en el temor del Señor y depende diariamente de Él.